El verano está a la vuelta de la esquina, y después de un año con poca actividad, ha llegado el momento de movernos y recuperar el tiempo perdido.

La pandemia ha obligado a reducir durante largo tiempo la actividad y está teniendo graves repercusiones en las personas mayores, tanto a nivel físico como de salud mental.

Salir del confinamiento y retomar las actividades y relaciones se convierte en un desafío físico, emocional y cognitivo.

En general, los problemas que más se han detectado son la debilidad muscular, fruto de la ausencia de ejercicio, la mala alimentación, sobre todo en personas que viven solas, trastornos del sueño, ansiedad, aislamiento social, aumento del deterioro cognitivos, etc. La consecuencia es una perspectiva de peor salud y de mayor fragilidad.

Acudir al médico. Muchas personas mayores han retrasado o no han acudido a consultas y revisiones por miedo al contagio. Una vez vacunados, deben retomarse las visitas de atención primaria, hacerse las revisiones rutinarias pertinentes, acudir a las especialidades, revisar medicaciones, hacer reconocimientos y retomar las citas de odontología o las revisiones de vista y oído.

Una recomendación clave es retomar la costumbre de practicar algún tipo de actividad física con regularidad, o comenzar una nueva. Un paseo por el parque, ejercicios, programas de ejercicios al aire libre con monitores, natación etc. Para aumentar la autoestima, es importante tener una visión realista de las capacidades; probar con un poco de ejercicio moderado, cómo se siente la persona e ir incrementando la intensidad.

Retomar la rutina vital precisa invertir en tiempo y medios para que poco a poco se superen los traumas y deterioros que deja atrás la covid-19.

 

 

 

 

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