Según los psicólogos, la clave para prevenir la depresión está en la capacidad para adaptarnos a las distintas fases de la vida, siendo capaces de disfrutarlas plenamente. Pero, ¿cómo hacer esto?

Muy probablemente, la COVID-19 acabará pasando una elevada factura en términos de trastornos de ansiedad y, especialmente, depresión. Y debemos estar preparados para ello, porque la depresión es, con su difusa sintomatología, una de las enfermedades más traicioneras de nuestro tiempo.

En las personas mayores, la depresión se encuentra muy influida por circunstancias relacionadas con la pérdida de seres queridos, de relaciones sociales, desconexión con el mundo actual, traslados de domicilio, pérdida de salud y de capacidad física o mental. Pero en definitiva es una enfermedad como cualquier otra y existen profesionales y tratamientos adecuados para manejarla.

Las experiencias vividas a lo largo del estado de alarma, una situación totalmente anómala que nadie había vivido anteriormente, con experiencias en muchos casos traumáticas y de la que está siendo difícil recuperarse (especialmente para los mayores), constituyen un caldo de cultivo idóneo para fenómenos como la depresión. La identificación rápida de los síntomas en una persona posibilitará una ayuda eficaz, acelerará el retorno al nivel de funcionamiento previo y reducirá mucho sufrimiento innecesario.

Las familias deben prestar mucha atención a familiares mayores que vivan solos y en los que aprecien cambios de comportamiento. Personas que habitualmente presentan un estado de ánimo estable, y de pronto se aíslan, muestran una expresión triste, callada y sin interés en nada, pierden el apetito y duermen mal, son personas de las que debemos empezar a sospechar la aparición de una depresión.

Respecto al Trastorno Depresivo Mayor es muy importante tener siempre claro que, aunque sus síntomas sean más difusos que los de una dolencia como la diabetes o la artritis, constituye una grave enfermedad que necesita ser diagnosticada y tratada y ante la cual no pueden adoptarse planteamientos heróicos o minimizadores.

Los tratamientos farmacológicos suelen curar la depresión en un 70-90% de los pacientes, aunque también puede ser conveniente la ayuda de la psicoterapia, especialmente para tratar los problemas psicológicos (personalidad, familiares, etc.). La depresión puede ser recurrente y resistente al tratamiento presentando mayores posibilidades de cronificación. Una depresión mayor puede tardar en curarse mucho tiempo. Del mismo modo, la persistencia de los síntomas residuales (disminución del placer o el interés y estado de ánimo triste) indica un alto riesgo de recaídas.

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