El culto al cuerpo se ha convertido casi en una obsesión de la sociedad pero pocos se preocupan por cuidar también de nuestro cerebro. El entrenamiento diario no debe ser solo físico sino mental, ya que nuestra cabeza merece las mismas atenciones que el resto del engranaje del que formamos parte. “De la misma forma que el ejercicio físico contribuye a mantener nuestros músculos y articulaciones en buen estado y con ello ganamos en resistencia y fortaleza».

La actividad mental sirve para que todas las carpetas y documentos incluidos en nuestro ordenador que es el cerebro se mantengan en forma y actualizadas. El ordenador nos ofrece de vez en cuando la posibilidad de borrar elementos que no utilizamos a menudo y….lo mismo hace nuestro cerebro con vivencias, recuerdos o actuaciones que tienen menos interés o que hemos revisado en menor número de ocasiones. Pero la actividad mental es buena no solo en pacientes que pierden memoria, sino en cualquier tipo de persona y a cualquier edad”

Cuando nos hacemos mayores se producen cambios en la mente que, en la mayoría de los casos, implican más tiempo para aprender cosas nuevas y una memoria más frágil. Lo que no se usa, se acaba estropeando. Así, del mismo modo que si no hacemos ejercicio acabamos perdiendo movilidad, si no entrenamos nuestras capacidades mentales, éstas acabarán reduciéndose.

Podemos estar seguros de que, con entrenamiento y hábitos saludables, nuestras capacidades pueden mantenerse en forma. Conforme pasan los años, conseguir que la mente siga siendo ágil y despierta es un objetivo que a todos nos gustaría conseguir. Con el paso de los años, lo más normal es que se vayan perdiendo algunas capacidades y, de manera especialmente llamativa, la memoria. Estas pérdidas suelen consistir en olvidar cosas normales del día a día, como dónde se han dejado las llaves o el mando de la tele, o también fallos en acciones automáticas, como dudar si se apagó el gas o se cerró el grifo; pero lo más típico es olvidar los nombres de personas, cosas o lugares, aún teniéndolos “en la punta de la lengua”, mientras se recuerdan perfectamente hechos y nombres de 40 años antes.

Hay muchas formas, de mantener en forma la mente en el día a día: leer, escribir, conversar, coser, jugar a las cartas u ocuparse de asuntos personales como el papeleo del banco o la correspondencia.

Decidirse por aprender cosas nuevas y, nada mejor que lanzarse a las nuevas tecnologías, que nos pueden facilitar mucha interacción social y ofrecer multitud de recursos para aprender y entretenernos. Nunca es tarde para aprender y las nuevas tecnologías cada vez son más intuitivas y asequibles. También existen multitud de cursos y talleres para mayores que pueden facilitar el aprendizaje y el acceso a estos recursos tan útiles.

Cuidemos nuestra mente. Merece la pena.

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