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Es frecuente la pérdida de peso de forma involuntaria entre las personas de avanzada edad, como lo es también que se le reste importancia achacándolo de forma simplista a los ya tradicionales “quebrantos de la edad” que, erróneamente, acaban explicando cualquier cosa que le pase al mayor y no tenga una causa inmediata. No debemos restarle importancia a esta circunstancia, que la medicina asocia en muchos casos con un incremento de la morbimortalidad.

 

Causas de la pérdida de peso

Existen tres causas principales que pueden explicar este problema: orgánica, psiquiátrica e idiopática (o sea, de causa desconocida). En las personas mayores la causa más frecuente es la depresión. Cuando la pérdida de peso es involuntaria, suele ser la familia la que lo aprecia y descubre. Esta pérdida no es inusual y representa entre el 1,3-3% de los pacientes hospitalizados en Medicina Interna, el 13% de las personas mayores en consulta ambulatoria y más del 50% de los mayores en residencias.

 

Anorexia senil

La edad fisiológica produce modificaciones importantes en las personas de edad avanzada y  contribuye a la llamada «anorexia del envejecimiento». Estas modificaciones incluyen la reducción en la masa corporal magra, la masa ósea y la tasa de metabolismo basal, la disminución del sentido del gusto y del olfato, y los signos de alteración gástrica causante de saciedad precoz. Sin embargo, los estudios de observación de adultos mayores sanos han mostrado que esta pérdida de peso relacionada con el envejecimiento normal es de 0,1-0,2 kg/año, y los pacientes más ancianos mantienen el peso durante un período de tiempo razonablemente largo, de 5-10 años. La pérdida de peso importante no debe ser desestimada por los cambios relacionados con la edad natural y deben ser investigados.

A veces ese no comer, que frecuentemente se justifica con una mera falta de apetito es lo que los expertos llaman “anorexia senil”. En la actualidad hay más de un millón de mayores que viven solos y que tienen que enfrentarse a barreras arquitectónicas para hacer la compra y a cambios sociales, como la sustitución de mercados y ultramarinos por supermercados. Eso no sólo quita las ganas de comer, sino que, además, hace que terminen consumiendo monoalimentos: solo fruta, solo yogur, solo caldo. Un último factor  a tener en cuenta es la impactación fecal; el 50 por ciento de los mayores sufre estreñimiento, lo que hace que se tenga aún menos ganas de comer.

 

Prevenir la desnutrición

Cuando el mayor deja de comer, el peligro principal es la desnutrición, que se asocia a pérdida de masa muscular y, por tanto, mayor riesgo de caídas, menor capacidad inmunológica y mayor aumento de la fragilidad.

La pérdida de peso en ancianos involuntaria es un problema importante que no se debe infravalorar. Ni siquiera cuando la persona padece obesidad. Es importante conocer las causas de esa pérdida de peso y actuar para evitar consecuencias negativas para la salud y calidad de vida del anciano.

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