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La mitad de las personas mayores con diabetes desconoce su enfermedad

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología advierte que, a partir de los 70 años, la diabetes se desencadena de manera silenciosa. la valoración geriátrica integral es básica para detectar a tiempo una patología que afecta en la actualidad más de cinco millones de españoles: el 40 por ciento de los nuevos diagnosticados tiene más de 65 años

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGGha advertido de que el 50 por ciento de los ancianos con diabetes no está diagnosticado. Es precisamente en las personas de mayor edad en donde la diabetes presenta unas manifestaciones atípicas que dificultan su diagnóstico. La SEGG, ha aclarado que la valoración geriátrica integral es indispensable para evitar que la enfermedad pueda pasar desapercibida.

La diabetes puede causar problemas de salud de alto riesgo (hipoglucemias, problemas cardiovasculares, patologías oculares, daños en el riñón, etcétera) que se agravan en las personas mayores. De hecho, según explica el Dr. José Antonio López Trigo, presidente de la SEGG, “la diabetes es una enfermedad que aumenta con la edad y el 40 por ciento de los diagnosticados de diabetes son mayores de 65 años”. Se espera que los afectados por esta dolencia se incrementen sobremanera en los próximos años debido a la proliferación de algunos hábitos de vida poco saludables como el sedentarismo o a patologías como la obesidad.

A pesar de la prevalencia creciente de la diabetes, es bueno saber que los altos niveles de glucosa en sangre pueden ser controlados para ayudar a contrarrestar la enfermedad y prevenir o retrasar la aparición de problemas en el futuro. Pero este control no sucede en todos los casos, ya que “en la actualidad la mitad de los ancianos diabéticos desconocen que lo son, por lo cual no están tratando su enfermedad, y esto aumenta el riesgo de deterioro funcional”, según explica el Dr. López Trigo. “Muchos de estos ancianos sin diagnosticar están sufriendo problemas de salud que achacan a los años. Esto puede ser debido a enfermedades que no estén bien tratadas, entre ellas, la diabetes, que además presenta el problema añadido de ser, en muchas ocasiones, silente en sus manifestaciones”.

Al deterioro funcional que sufren los mayores con diabetes se suma un cierto grado de deterioro cognitivo debido a la neurotoxicidad causada por la hiperglucemia, la hipoglucemia, la insulina o por los productos glicosilados, lo que complica el problema.

El paciente anciano tiene unas características particulares que hacen que controle peor su enfermedad, ya que el deterioro funcional y el cognitivo empeoran sustancialmente su calidad de vida y ello tiene una repercusión directa y negativa en la evolución de la diabetes. Algunos pacientes ancianos con deterioro cognitivo pueden no entender bien las bases del tratamiento y no saber qué hacer ante la aparición de una complicación, por ejemplo, una hipoglucemia. Asimismo, tienen, además, más riesgo de errores en la medicación.

Un mal control de la enfermedad puede llevar a complicaciones microvasculares (retinopatía, neuropatía y nefropatía) y macrovasculares (circulación vascular periférica, arterosclerosis en deterioro carotídeo o coronaria). Otras circunstancias que pueden dificultar el manejo de la diabetes en el paciente mayor pueden ser el empeoramiento de la agudeza visual, la depresión, los problemas sociales o la limitación del acceso a comidas equilibradas.

Además, los pacientes diabéticos usan el doble de recursos tanto hospitalarios como extrahospitalarios que los pacientes no diabéticos. Los pacientes de más de 75 años presentan mayores tasas de mortalidad que los pacientes del mismo grupo sin diabetes.

Recomendaciones de la SEGG para el mayor diabético

La SEGG recomienda las siguientes actuaciones en cuanto al tratamiento, control y seguimiento del paciente mayor diabético: es necesaria una educación continua de la familia y , cuidadores; las instrucciones al paciente mayor diabético deben ser simples; el tratamiento del anciano debe ser individualizado; se recomienda la práctica de deporte: preferiblemente ejercicios de resistencia como caminar o bicicleta; se aconseja la pérdida de peso.

Además, es recomendable reducir los factores de riesgo cardiovascular, incluido el tabaquismo; los sistemas de alarma colgantes o en domicilio pueden resultar de gran utilidad para controlar al anciano diabético; es necesario que los mayores diabéticos se sometan a una revisión anual, y en los ancianos frágiles o muy dependientes, los controles deben ser frecuentes para asegurarse que los tratamientos son los apropiados y no presentan reacciones adversas; la dieta debe ser controlada, al igual que el resto de fármacos que tomen (polimedicación); se debe vigilar el aumento de peso, la tensión, la microalbuminuria (signo precoz de nefropatía), los pies y la glucosa periódicamente; y los test urinarios de glucosa son menos fiables, ya que en este grupo de pacientes el umbral renal glucémico se encuentra alterado.

 

Cambios posturales que evitan problemas mayores

 

 

La movilidad de los pacientes encamados o los que no deambulan con facilidad por sí mismos es clave para evitar problemas mayores, entre los que las úlceras por presión y la pérdida de masa muscular encabezan la lista. Los cuidadores conocen las pautas más utilizadas para manejar al paciente con movilidad reducida. 

 

Es bueno, más bien obligatorio, cambiar de postura a las personas que tienen una movilidad limitada o las que se encuentran encamadas, ya que es la única manera de evitar que se desarrollen úlceras por presión (UPP). Las UPP son lesiones que se producen porque una zona del cuerpo, generalmente donde hay una prominencia ósea, está sometida a una presión continua durante un tiempo prolongado. Cuando una persona autónoma, independiente, se encuentra incómoda por llevar mucho tiempo en una misma postura en la cama, sentada en el sillón o en una silla, cambia de posición sin ningún problema, son movimientos que se hacen de una forma casi involuntaria. Pero la cosa cambia cuando se trata de personas con escasa movilidad, donde hay que procurar establecer una serie de cambios posturales. 
 

De esta forma, las zonas que están sometidas a una mayor presión, por el peso del cuerpo, quedan libres y se produce una correcta circulación periférica, un adecuado aporte de oxígeno y de nutrientes a las células. Así, “logramos reducir el tiempo de exposición de los tejidos a la presión.

Las personas dependientes, con movilidad reducida o encamadas, necesitan que se les ayude a realizar estos cambios posturales porque ellos cuando sienten la necesidad de cambiar de postura no pueden, y si esto no se realiza se podrían desarrollar úlceras por presión”.

 

En esta misma línea, además de evitar las úlceras de presión, el cambio postural también hace que se prevengan otras complicaciones derivadas de la inmovilidad del sistema cardiovascular, esquelético, respiratorio, nervioso, digestivo..., ayudando al paciente a mantener una postura adecuada para favorecer su bienestar.

 

 

 

La disfagia, un problema en la alimentación de los mayores

 

Trata la disfagia

La disfagia es la alteración o dificultad para deglutir (tragar) los alimentos, tanto sólidos como líquidos, e incluso la saliva. Se trata de una dolencia que afecta a la salud de la persona que la padece, provocando desnutrición y deshidratación. Además, repercute en su vida social, ya que comer se convierte en un acto incómodo que implica un gran esfuerzo y, por ello, procura evitar. Por todo ello, la disfagia disminuye la calidad de vida. Su alta prevalencia en personas mayores hace que su diagnóstico precoz sea imprescindible para determinar el tratamiento más eficaz.

“Sólo cuando reflexionamos sobre que entre dos y tres de cada cuatro personas mayores que atendemos tienen alguna disfunción de la deglución, ponderamos la importancia de la disfagia y lo que supone para la nutrición y la calidad de vida de quienes la padecen”, asegura el presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), José Antonio López Trigo, en la guía Intervención nutricional en el paciente con disfagia. 

La disfagia trae consigo complicaciones importantes para la salud de las personas que la padecen, ya que el paciente puede dejar de comer y beber lo suficiente y desnutrirse o deshidratarse. El sistema inmunitario también se verá amenazado y, con el tiempo, las capacidades físicas y mentales podrían comenzar a deteriorarse.

Por otra parte, la dificultad para deglutir puede provocar atragantamientos. Entonces, la persona afectada corre el riesgo de que los alimentos o los líquidos pasen a las vías respiratorias, lo que puede producir una infección pulmonar grave e, incluso, neumonía.

A quién afecta la disfagia
Existen tres grandes grupos poblacionales que padecen disfagia:

 

    • Personas mayores. El propio proceso de envejecimiento es una causa en sí misma de la disfagia, a causa del debilitamiento de los músculos implicados en la masticación y deglución, la pérdida de dentición o la reducción de la salivación. 

 

    • Pacientes con enfermedades neurológicas agudas, crónicas o degenerativas, que afectan al sistema nervioso y al control muscular: Parkinson, Alzheimer, ELA, esclerosis múltiple e ictus, entre otras.

 

    • Personas sometidas a cirugía de cabeza y cuello, porque afecta a la zona de la boca, faringe o laringe, que intervienen en la mecánica, estructura y fisiología de todo el tracto deglutorio. 

 

Sin embargo, la aparición de la disfagia también puede estar vinculada a otros problemas de salud como: acidez crónica, reflujo o cicatrices esofágicas, que causan un proceso inflamatorio en la región faringoesofágica.