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Entrena tu memoria!!

 

La memoria es la facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado, aunque, en ocasiones, puede jugarnos malas pasadas (como olvidarnos de comprar el pan, por ejemplo). Según estudios recientes, el cerebro podría comenzar a deteriorarse antes de lo que se pensaba, a los 45 años, por eso, lo ideal para prevenir su pérdida es trabajarla a diario mediante unos sencillos ejercicios de estimulación cognitiva, y no sólo leyendo o resolviendo crucigramas. La buena memoria no es para siempre, pero la buena noticia es que hay muchas maneras de ralentizar su deterioro. 


La pérdida de las facultades cognitivas es una de las grandes preocupaciones de las personas y quizá la que mayor angustia produzca, “de ahí el que el tema de la prevención sea recurrente y la demanda de información al respecto una de las que más habitualmente se produce.

Aunque la pérdida de memoria “no va más allá de la producción del conocido como enlentecimiento cognitivo, es decir, cierta disminución o lentitud a la hora de realizar ciertas tareas, recordar datos o aprender cosas nuevas, existen toda una serie de estrategias que pueden utilizarse para minimizar el impacto que el envejecimiento provoca en nuestro cerebro y su repercusión en la vida cotidiana de las personas. Es aquí donde podríamos encuadrar la estimulación cognitiva”.

¿Y qué entendemos por estimulación cognitiva? la estimulación cognitiva engloba todas aquellas actividades “cuyo objetivo es ejercitar y estimular las funciones cognitivas de cada persona”. Estas actividades pueden ser: 

Inespecíficas, tales como acudir a una conferencia, ver una película, jugar con juegos de mesa, completar pasatiempos, hablar sobre un tema, etc.; 
O más específicas, como realizar ejercicios de atención (tachar una determinada letra de un texto). 

La estimulación cognitiva no implica necesariamente que nuestra intención sea mejorar el funcionamiento cognitivo, también estamos haciendo estimulación cognitiva cuando vemos una película.


La estimulación cognitiva no va a solucionar los olvidos cotidianos, pero el entrenamiento de memoria sí tiene ese objetivo”. ¿Cuál es la diferencia? “El entrenamiento de memoria es una actividad más organizada, es adiestrar de un modo sistemático en la utilización, control y conocimiento de los procesos, estrategias, técnicas y vivencias implicadas en el funcionamiento de la memoria, con el objetivo de mejorar su rendimiento y solucionar los olvidos cotidianos.
Hacer ejercicios de estimulación cognitiva es bueno a cualquier edad, pero es más necesario a partir de los 50 años y, sobre todo, de los 65. El momento de la jubilación es clave. El trabajo y lo que éste conlleva, como las relaciones sociales y la actividad constante, ejercitan nuestro cerebro, pero después se corre el riesgo de que esta actividad disminuya marcadamente y, al cabo de un tiempo, sean más notables los problemas de memoria. Asimismo, hay otros factores que intervienen de modo muy negativo como “el aislamiento, la falta de ejercicio físico, la ansiedad, la depresión y los que son quizá los más peligrosos: la hipertensión, la diabetes y el colesterol alto”.

Y es que, todo lo que se ejercita, se mejora, y todo lo que no se ejercita, se pierde.

El cuidado de ancianos: Envejecer en casa con calidad de vida

Envejecer en casa, en condiciones de seguridad y con calidad de vida es lo deseable. El Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) lo hace posible, porque ofrece atención personal y asistencia doméstica en el hogar. De esta manera, gracias al apoyo de un profesional, las personas mayores pueden contar este servicio, que les permite permanecer en su entorno familiar y, al mismo tiempo, mantener su independencia y autonomía.

A medida que envejecemos, todos necesitamos ayuda para desarrollar las Actividades Básicas de la Vida Diaria: higiene, alimentación o movilizaciones. Pero eso no es impedimento para poder seguir viviendo en nuestro hogar, porque el Servicio de Ayuda a Domicilio, orientado  al cuidado de personas mayores cubre estas necesidades, ya que presta atención personal y asistencia doméstica.

 

De esta manera, se logra evitar el desarraigo emocional que, en ocasiones, supone el ingreso de una persona mayor  en un centro residencial de manera prematura.

 

La ayuda a domicilio ofrece tres tipos de servicios:
 

1. Atención personal en la realización de las Actividades Básicas de la Vida Diaria: higiene, ayuda para levantarse/acostarse o vestirse, comer y beber, control de la medicación, etc. Asimismo, contempla el acompañamiento. 

 

2. Servicios relacionados con la atención de las necesidades domésticas o del hogar: limpieza de la casa, preparación de la comida, lavado y planchado de ropa, detección de situaciones de riesgo, etc. 

 

3. Relaciones con el entorno (ayuda psicosocial). Apoyo para realizar gestiones fuera del hogar, acompañamiento en desplazamientos, realización de actividades para mantener las facultades cognitivas y las relaciones sociales, etc.

 

Otro beneficio importante es que previene situaciones de soledad y aislamiento, ya que el mayor puede solicitar simplemente acompañamiento durante unas horas. La ayuda a domicilio tiene, por tanto, un fuerte componente psicosocial. 

 

Y por si fuera poco, este servicio contribuye a que las familias se sientan tranquilas, porque tienen la certeza de que los mayores reciben los cuidados que necesitan. 
 

Por todo lo expuesto, la ayuda a domicilio es también un servicio preventivo, ya que permite detectar situaciones de riesgo y vulnerabilidad, y también rehabilitador, porque promueve el envejecimiento activo y fomenta la autonomía personal. 

 

La mitad de las personas mayores con diabetes desconoce su enfermedad

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología advierte que, a partir de los 70 años, la diabetes se desencadena de manera silenciosa. la valoración geriátrica integral es básica para detectar a tiempo una patología que afecta en la actualidad más de cinco millones de españoles: el 40 por ciento de los nuevos diagnosticados tiene más de 65 años

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGGha advertido de que el 50 por ciento de los ancianos con diabetes no está diagnosticado. Es precisamente en las personas de mayor edad en donde la diabetes presenta unas manifestaciones atípicas que dificultan su diagnóstico. La SEGG, ha aclarado que la valoración geriátrica integral es indispensable para evitar que la enfermedad pueda pasar desapercibida.

La diabetes puede causar problemas de salud de alto riesgo (hipoglucemias, problemas cardiovasculares, patologías oculares, daños en el riñón, etcétera) que se agravan en las personas mayores. De hecho, según explica el Dr. José Antonio López Trigo, presidente de la SEGG, “la diabetes es una enfermedad que aumenta con la edad y el 40 por ciento de los diagnosticados de diabetes son mayores de 65 años”. Se espera que los afectados por esta dolencia se incrementen sobremanera en los próximos años debido a la proliferación de algunos hábitos de vida poco saludables como el sedentarismo o a patologías como la obesidad.

A pesar de la prevalencia creciente de la diabetes, es bueno saber que los altos niveles de glucosa en sangre pueden ser controlados para ayudar a contrarrestar la enfermedad y prevenir o retrasar la aparición de problemas en el futuro. Pero este control no sucede en todos los casos, ya que “en la actualidad la mitad de los ancianos diabéticos desconocen que lo son, por lo cual no están tratando su enfermedad, y esto aumenta el riesgo de deterioro funcional”, según explica el Dr. López Trigo. “Muchos de estos ancianos sin diagnosticar están sufriendo problemas de salud que achacan a los años. Esto puede ser debido a enfermedades que no estén bien tratadas, entre ellas, la diabetes, que además presenta el problema añadido de ser, en muchas ocasiones, silente en sus manifestaciones”.

Al deterioro funcional que sufren los mayores con diabetes se suma un cierto grado de deterioro cognitivo debido a la neurotoxicidad causada por la hiperglucemia, la hipoglucemia, la insulina o por los productos glicosilados, lo que complica el problema.

El paciente anciano tiene unas características particulares que hacen que controle peor su enfermedad, ya que el deterioro funcional y el cognitivo empeoran sustancialmente su calidad de vida y ello tiene una repercusión directa y negativa en la evolución de la diabetes. Algunos pacientes ancianos con deterioro cognitivo pueden no entender bien las bases del tratamiento y no saber qué hacer ante la aparición de una complicación, por ejemplo, una hipoglucemia. Asimismo, tienen, además, más riesgo de errores en la medicación.

Un mal control de la enfermedad puede llevar a complicaciones microvasculares (retinopatía, neuropatía y nefropatía) y macrovasculares (circulación vascular periférica, arterosclerosis en deterioro carotídeo o coronaria). Otras circunstancias que pueden dificultar el manejo de la diabetes en el paciente mayor pueden ser el empeoramiento de la agudeza visual, la depresión, los problemas sociales o la limitación del acceso a comidas equilibradas.

Además, los pacientes diabéticos usan el doble de recursos tanto hospitalarios como extrahospitalarios que los pacientes no diabéticos. Los pacientes de más de 75 años presentan mayores tasas de mortalidad que los pacientes del mismo grupo sin diabetes.

Recomendaciones de la SEGG para el mayor diabético

La SEGG recomienda las siguientes actuaciones en cuanto al tratamiento, control y seguimiento del paciente mayor diabético: es necesaria una educación continua de la familia y , cuidadores; las instrucciones al paciente mayor diabético deben ser simples; el tratamiento del anciano debe ser individualizado; se recomienda la práctica de deporte: preferiblemente ejercicios de resistencia como caminar o bicicleta; se aconseja la pérdida de peso.

Además, es recomendable reducir los factores de riesgo cardiovascular, incluido el tabaquismo; los sistemas de alarma colgantes o en domicilio pueden resultar de gran utilidad para controlar al anciano diabético; es necesario que los mayores diabéticos se sometan a una revisión anual, y en los ancianos frágiles o muy dependientes, los controles deben ser frecuentes para asegurarse que los tratamientos son los apropiados y no presentan reacciones adversas; la dieta debe ser controlada, al igual que el resto de fármacos que tomen (polimedicación); se debe vigilar el aumento de peso, la tensión, la microalbuminuria (signo precoz de nefropatía), los pies y la glucosa periódicamente; y los test urinarios de glucosa son menos fiables, ya que en este grupo de pacientes el umbral renal glucémico se encuentra alterado.