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Prevenir las escaras: esto es lo que debes hacer.

Prevenir las escaras es posible. Existen múltiples estrategias y productos que pueden ayudarte en esa batalla diaria para evitar las úlceras por presión. Movilizaciones frecuentes, nutrir e hidratar adecuadamente son claves esenciales.

Si algo teme el cuidador de una persona dependiente es la aparición de las temibles escaras. Estas lesiones pueden aparecer como un simple enrojecimiento de la piel y en poco tiempo convertirse en una úlcera considerable que pone en riesgo la vida de la persona.

Todo cuidador de una persona con alzhéimer, Huntington o párkinson encamada se desvive por evitarlas, muchas veces sin éxito. Hoy hablaremos de las estrategias más efectivas para prevenir las escaras. La buena noticia es que prevenirlas es posible en más del 90% de los casos.

¿Qué son y por qué se producen las escaras?

 

Zonas de presión en las que el riesgo de escaras es mucho mayor.

Si vamos a ser precisos (y muy quisquillosos) tendríamos que decir que la escara es una fase por la que pasa una úlcera por presión (UPP), que es la denominación técnica que reciben estas lesiones. Pero, como popularmente a todas las fases de la UPP se le conoce por escara, nosotros emplearemos ese término.

Las escaras son lesiones de la piel y de los tejidos que hay debajo de ella. Comienzan por una decoloración de la piel y al aliviar la presión (al mover de posición a la persona) podemos ver un simple enrojecimiento o ampolla y en poco tiempo, si no se actúa con rapidez, progresa a una herida abierta que deja al descubierto músculos y hasta el hueso.

La úlcera se produce debido a una presión prolongada de una superficie dura sobre la piel. Cuando esta circunstancia se da, la piel deja de recibir la cantidad de sangre y oxígeno que necesita para que el tejido se mantenga sano. Generalmente aparecen en las zonas en que hay un hueso prominente, como la cadera, el sacro, los codos o los talones (véase imagen anterior).

Teniendo en cuenta las causas, no es de extrañar que las escaras aparezcan fundamentalmente en personas encamadas. La población mayor dependiente es un grupo de especial riesgo debido a condiciones particulares, como los propios cambios que experimenta la piel y la masa muscular con el envejecimiento.

¿Otros factores de riesgo para la aparición de escaras?

 

Ya mencionamos un factor de riesgo fundamental: la inmovilidad debido a diversas condiciones de salud. Pero hay muchos otros factores que pueden contribuir a que una persona tenga más probabilidad de desarrollar una escara. Por ejemplo:

 

    • Humedad: puede ser producida por la incontinencia, pero también por un secado inadecuado después del baño y por la traspiración del cuerpo.

 

    • Inadecuada nutrición: falta de proteínas y minerales contribuyen a la fragilidad de la piel y músculos, a la vez que evita procesos de regeneración muscular.

 

    • La deshidratación es un factor de riesgo fundamental para la aparición de escaras.

 

    • Posiciones inadecuadas que favorecen el deslizamiento de la persona encamada.

 

    • Enfermedades que cursan con afectación del flujo sanguíneo, como la diabetes. También enfermedades neurológicas que disminuyen la sensibilidad.

 

¿Cómo prevenir las escaras?

Lo ideal en el campo de la medicina no es curar, sino prevenir la aparición de cualquier mal. Las escaras son prevenibles y en los factores de riesgo que mencionamos anteriormente están varias claves. Si quiere prevenir las escaras en la persona que tiene bajo su cuidado, debe:

 

    • Realizar movilizaciones cada dos horas, así alivia los puntos de presión. En algunas personas dos horas será tiempo suficiente para provocar lesiones, así que las movilizaciones deberán hacerse con más frecuencia. También se recomienda una frecuencia de movilizaciones mayor en los casos en que la persona está sentada. El vídeo siguiente puede ser de gran ayuda para que vea cómo puede realizar los diferentes tipos de movilizaciones.

 

    • Inspeccionar la piel diariamente en busca de enrojecimiento, sequedad, ampollas, fragilidad o heridas. Fíjese en especial en las zonas de prominencias óseas.

 

    • Evite las posturas en que la persona pueda deslizarse y favorecer el roce. También evite los pliegues en las sábanas.

 

    • La higiene es fundamental: lave con agua y jabón con pH neutro. Seque cuidadosamente, en especial las zonas de pliegues y entre los dedos.

 

    • Hidrate la piel y todo el organismo no solo con agua (FUNDAMENTAL), sino con lociones hidratantes específicas que puede encontrar en las farmacias. Productos como colonia, alcohol o talco están contraindicados porque resecan aún más la piel.

 

    • Si el riesgo de úlcera por presión es elevado, aplique en las zonas de riesgo (las que mostramos en la imagen anterior) ácidos grasos hiperoxigenados (AGHO) como el Linovera o el Mepentol. Estos compuestos han ganado en popularidad en la última década gracias a los buenos resultados que se obtienen. Al comprarlo, pregunte a su farmacéutico sobre el modo de uso y lea bien las instrucciones, ya que se debe extender con la yema de los dedos y no frotar para evitar lesionar aún más el tejido.

 

    • No realice masajes en las zonas de prominencias óseas.

 

    • Mantenga un estado nutricional adecuado. Ponga especial énfasis en el aporte de proteínas y vitaminas, en especial las de los grupos B, A, C y D. Cuando se detecta que la personas no tiene un buen estado nutricional, se recomienda el uso de complementos.

 

    • Controle la humedad: esta puede producirse por muchas vías y debe intentar controlarlas todas. Si es por incontinencia, valore el uso de sondas y pañales. Cambie estos últimos según necesidad. Si existe un exceso de sudoración, regule la temperatura de la habitación.

 

    • Utilice productos antiescaras como colchones, cojines, taloneras o las mismas almohadas ubicadas en los puntos de presión.

 

Si aun con todas estas medidas no logra prevenir las escaras, debe acudir al médico inmediatamente; con las escaras cada minuto cuenta. Un profesional calificado dará las recomendaciones oportunas, algunas de ellas son estas mismas medidas que hemos mencionado, mientras en otros casos se necesitarán curas especializadas y productos farmacéuticos específicos. Para terminar, os dejamos con una información reducida y más visual que os ayudará a tener todos los puntos bajo control.

Alteraciones en el comportamiento en las personas con alzhéimer ¿Que hacer?

Las alteraciones del comportamiento en las personas con alzhéimer se manifiestan en la mayoría de los enfermos. Identificar las causas y los factores que mantienen los síntomas es fundamental para poder controlarlos.

Las alteraciones del comportamiento en las personas con Alzheimer muchas veces tienen más impacto en el cuidador que las propias alteraciones de memoria típicas de la enfermedad. Es una de las causas principales de que una familia decida llevar al enfermo a una institución. No vamos a negarlo ni a suavizar la realidad, son difíciles de manejar aún para los profesionales.  Pero hay estrategias para enfrentar esas situaciones y que la posibilidad de éxito sea mayor. Hoy no vamos a hablaros de actuaciones concretas sino brindaros un método; una forma de actuar y de pensar las alteraciones del comportamiento que podéis aplicar en todos los contextos.

Alteraciones del comportamiento comunes en las personas con enfermedad de Alzheimer.

Son muchas las alteraciones del comportamiento que puede tener una persona con alzhéimer y por supuesto, no va a presentar todas las alteraciones y las que sí padece no las va a manifestar con la misma intensidad o frecuencia. Algunas veces la persona puede estar muy apática y en otras muy agitada y en cada ocasión la única constante es la de un familiar intentando lidiar lo mejor que puede con esa situación. He aquí un listado de algunas alteraciones del comportamiento comunes en las personas con alzhéimer:

  • Depresión.
  • Enfados.
  • Delirios.
  • Alucinaciones.
  • Reacciones catastróficas.
  • Indiferencia/Apatía.
  • Agitación.
  • Agresión.
  • Irritabilidad.
  • Alteraciones del sueño: duerme mucho o muy poco o cambia los horarios.
  • Inapetencia.
  • Deambulación.
  • ASeguimiento persistente del cuidador.

 

Qué hacer para manejar las alteraciones del comportamiento.

 

En realidad es muy sencillo y seguramente sin ser conscientes de ello lo habéis aplicado en varias circunstancias. Se trata de haceros varias preguntas que permitan averiguar qué está ocasionando el problema, cuándo y qué puede estar contribuyendo a que se mantenga.

Porque sí, partimos de la premisa de que toda conducta tiene una causa aunque nosotros no seamos capaces de comprender cuál. El deterioro cerebral que padece una persona con demencia afecta grandemente su capacidad para comunicar, saber qué puede estar sintiendo es en ocasiones un trabajo digno de Sherlock Holmes ¿Habéis pensado que cuando emite sonidos sin aparente sentido es porque le duele algo o ya lleva demasiado tiempo en una misma posición? O simplemente necesita que le toques.

En fin, aquí os van los elementos que debéis considerar ante síntomas de alteraciones del comportamiento en vuestro familiar según las propuestas de Jordi Peña Casanova; uno de los expertos en el área Alzheimer más importante de España.

¿Cuándo aparece el problema?

¿En momentos concretos? ¿Justo antes de comer? ¿O cuando cambia el cuidador? ¿Tal vez a la hora del baño? Identifica qué factores se repiten en cada ocasión.

¿Dónde aparece el problema?

¿Es en la casa o cuando va al centro de día? ¿Tal vez en casa de otro familiar?

¿Qué sucede antes del problema?

De nuevo, busca los factores que se repiten, en ellos está la clave. ¿Se enoja cada vez que hay discusiones alrededor? ¿O cuando llega alguien nuevo? ¿Tal vez es justo antes de la medicación?

¿Cómo se desarrolla el problema?

¿Qué hace la persona? ¿Grita, se angustia, comienza a deambular, se niega a comer? ¿Qué hacéis los familiares?

¿Qué sucede después de la aparición del problema?

¿Cómo reaccionan quienes le rodean? Muchas veces en la reacción está la clave. Puede ser que os alteréis y eso contribuya a mantener un episodio que transcurría sin más complicaciones de otra manera. O por el contrario, os acercáis y le dais cariño y es precisamente eso lo que busca.

¿Y qué hacer con todos esos datos? Pues modificaciones, incluyendo farmacológicas cuando sea necesario y reforzar las cosas que sí funcionan. Porque hay veces que se están haciendo cosas que ayudan a controlar esas alteraciones sin ser conscientes de ello. Identificadlas y usadlas a vuestro favor. Estamos absolutamente convencidas que nadie sabe mejor lo que funciona con una persona con demencia que su cuidador principal.

 

Recomendaciones nutricionales para personas mayores

La correcta alimentación de las personas mayores es una parte fundamental de una vida saludable. El impacto de la malnutrición en este grupo de población supone, tanto si se trata de personas sanas o con patologías establecidas, un mayor riesgo de contraer enfermedades e incluso de mortalidad, la aparición de deterioro cognitivo, anemias, dificultad para controlar muchas enfermedades y una aceleración de las enfermedades degenerativas, que ya de por sí producen malnutrición.

Además, hay que tener en cuenta que el proceso de envejecimiento afecta a la función digestiva, de tal modo que se reduce la absorción intestinal de los nutrientes, pudiendo ocasionar en las personas mayores cuadros de desnutrición, aun cuando éstas requieran una menor cantidad de energía y, como consecuencia, necesiten comer menos.

No obstante, los cambios que se producen en el organismo con la edad exigen aumentar la ingesta de determinados nutrientes para mantener una alimentación equilibrada que cumpla con sus necesidades nutricionales, impuestas por las consecuencias del deterioro asociado al envejecimiento. De hecho, en las personas mayores la alimentación cumple una función preventiva importante.

 Nutrición

  •  La dieta debe ser variada para asegurar que contenga todos los nutrientes necesarios.


  • Hay que reducir el consumo de grasas saturadas (carne roja y embutidos) y aumentar las grasas con ácidos esenciales omega-3 y omega-6, contenidos en ciertos pescados (salmón, sardinas, etc.).


  •  También hay que incrementar el consumo de grasas vegetales, preferiblemente mediante el consumo de aceite de oliva. Hay muchos alimentos envasados en cuya composición se mencionan los aceites vegetales, pero sin especificar su procedencia, ya que puede tratarse de aceites de coco, palma o palmiste, que tienen un alto contenido en grasas saturadas.


  •  La leche y los derivados lácteos hay que tomarlos desnatados o, en todo caso, semidesnatados.   


  • Es importante aumentar el consumo de frutas, legumbres, verduras y cereales, dado su elevado contenido en nutrientes importantes (vitaminas y minerales) y fibra, esencial para mantener la motilidad intestinal y evitar el estreñimiento.


  • Es necesario aumentar el consumo de calcio (lácteos) y vitamina D. Esta última es esencial para la correcta absorción del calcio y basta exponer la piel al sol unos 20 minutos diarios (paseos) para obtener la cantidad necesaria.


  •  Se debe limitar el consumo de sal y azúcar (dulces).


  •  Ingerir mucha agua a lo largo del día, preferiblemente fuera de las comidas y en pequeñas cantidades. Además de prevenir el estreñimiento, de esta manera se asegura una correcta hidratación del organismo.   

 

Nutrición

 

  • Realizar cinco comidas diarias, teniendo en cuenta que el desayuno es muy importante, pues debe asegurar el aporte energético necesario para empezar el día con un buen rendimiento físico e intelectual. Debe incluir lácteos, cereales y fruta. A media mañana debe hacerse una comida frugal, con un yogur o un zumo y una pieza de fruta o un bocadillo pequeño. La comida y la cena deben estructurarse distribuyendo en ellas los diferentes tipos de alimentos, dejando para la noche los más ligeros, pues evitará problemas a la hora e conciliar el sueño.
  •  Comer despacio y masticar bien los alimentos.


  • Si se tienen problemas de masticación y/o deglución habrá que recurrir a la elaboración de purés, zumos, cremas, carne picada, y alimentos blandos en general.
  • Hacer bien la compra, evitando alimentos envasados y precocinados.


  • Cocinar los alimentos utilizando poca grasa (a la plancha) y no cociendo las verduras excesivamente, con el fin de que conserven la mayor parte de los nutrientes.    

 

Finalmente, no debe olvidarse una última recomendación en cuanto a la nutrición, no por ello menos importante: una alimentación equilibrada y saludable debe acompañarse con la práctica diaria de ejercicio, de tal manera que la energía (calorías) ingerida se equilibre con el consumo asociado a la actividad diaria.