96 316 38 66 Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Slide background

Cambios posturales que evitan problemas mayores

 

 

La movilidad de los pacientes encamados o los que no deambulan con facilidad por sí mismos es clave para evitar problemas mayores, entre los que las úlceras por presión y la pérdida de masa muscular encabezan la lista. Los cuidadores conocen las pautas más utilizadas para manejar al paciente con movilidad reducida. 

 

Es bueno, más bien obligatorio, cambiar de postura a las personas que tienen una movilidad limitada o las que se encuentran encamadas, ya que es la única manera de evitar que se desarrollen úlceras por presión (UPP). Las UPP son lesiones que se producen porque una zona del cuerpo, generalmente donde hay una prominencia ósea, está sometida a una presión continua durante un tiempo prolongado. Cuando una persona autónoma, independiente, se encuentra incómoda por llevar mucho tiempo en una misma postura en la cama, sentada en el sillón o en una silla, cambia de posición sin ningún problema, son movimientos que se hacen de una forma casi involuntaria. Pero la cosa cambia cuando se trata de personas con escasa movilidad, donde hay que procurar establecer una serie de cambios posturales. 
 

De esta forma, las zonas que están sometidas a una mayor presión, por el peso del cuerpo, quedan libres y se produce una correcta circulación periférica, un adecuado aporte de oxígeno y de nutrientes a las células. Así, “logramos reducir el tiempo de exposición de los tejidos a la presión.

Las personas dependientes, con movilidad reducida o encamadas, necesitan que se les ayude a realizar estos cambios posturales porque ellos cuando sienten la necesidad de cambiar de postura no pueden, y si esto no se realiza se podrían desarrollar úlceras por presión”.

 

En esta misma línea, además de evitar las úlceras de presión, el cambio postural también hace que se prevengan otras complicaciones derivadas de la inmovilidad del sistema cardiovascular, esquelético, respiratorio, nervioso, digestivo..., ayudando al paciente a mantener una postura adecuada para favorecer su bienestar.

 

 

 

La disfagia, un problema en la alimentación de los mayores

 

Trata la disfagia

La disfagia es la alteración o dificultad para deglutir (tragar) los alimentos, tanto sólidos como líquidos, e incluso la saliva. Se trata de una dolencia que afecta a la salud de la persona que la padece, provocando desnutrición y deshidratación. Además, repercute en su vida social, ya que comer se convierte en un acto incómodo que implica un gran esfuerzo y, por ello, procura evitar. Por todo ello, la disfagia disminuye la calidad de vida. Su alta prevalencia en personas mayores hace que su diagnóstico precoz sea imprescindible para determinar el tratamiento más eficaz.

“Sólo cuando reflexionamos sobre que entre dos y tres de cada cuatro personas mayores que atendemos tienen alguna disfunción de la deglución, ponderamos la importancia de la disfagia y lo que supone para la nutrición y la calidad de vida de quienes la padecen”, asegura el presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), José Antonio López Trigo, en la guía Intervención nutricional en el paciente con disfagia. 

La disfagia trae consigo complicaciones importantes para la salud de las personas que la padecen, ya que el paciente puede dejar de comer y beber lo suficiente y desnutrirse o deshidratarse. El sistema inmunitario también se verá amenazado y, con el tiempo, las capacidades físicas y mentales podrían comenzar a deteriorarse.

Por otra parte, la dificultad para deglutir puede provocar atragantamientos. Entonces, la persona afectada corre el riesgo de que los alimentos o los líquidos pasen a las vías respiratorias, lo que puede producir una infección pulmonar grave e, incluso, neumonía.

A quién afecta la disfagia
Existen tres grandes grupos poblacionales que padecen disfagia:

 

    • Personas mayores. El propio proceso de envejecimiento es una causa en sí misma de la disfagia, a causa del debilitamiento de los músculos implicados en la masticación y deglución, la pérdida de dentición o la reducción de la salivación. 

 

    • Pacientes con enfermedades neurológicas agudas, crónicas o degenerativas, que afectan al sistema nervioso y al control muscular: Parkinson, Alzheimer, ELA, esclerosis múltiple e ictus, entre otras.

 

    • Personas sometidas a cirugía de cabeza y cuello, porque afecta a la zona de la boca, faringe o laringe, que intervienen en la mecánica, estructura y fisiología de todo el tracto deglutorio. 

 

Sin embargo, la aparición de la disfagia también puede estar vinculada a otros problemas de salud como: acidez crónica, reflujo o cicatrices esofágicas, que causan un proceso inflamatorio en la región faringoesofágica. 

 

Las personas mayores más vulnerables ante el frío.

 

 

  • Los mayores con EPOC, insuficiencia cardiaca y enfermedades
    neurodegenerativas tienen más probabilidades de sufrir complicaciones
    ante catarros y procesos gripales.
  • El aislamiento y el trastorno depresivo debido a las pocas horas de luz es
    uno de los mayores enemigos de las personas mayores durante el invierno.
  • La compañía, ventilar la vivienda 10 minutos al día y una correcta
    alimentación rica en vitamina C y D son clave para evitar los efectos
    negativos del frío en las personas mayores.

Con la llegada de las bajas temperaturas las personas mayores son especialmente vulnerables a la hora de contraer infecciones víricas como catarros o gripe. En concreto, los mayores con problemas cardiovasculares, respiratorios y neurodegenerativos, como pudieran ser demencias, son los que más precauciones deben tomar ante la llegada del frío. En este tipo de pacientes su sistema de adaptación a los cambios de temperatura es el que está más dañado, lo que contribuye a que su sistema inmunitario se defienda peor ante el frío y pueda dar lugar a un catarro que se convierta en una gripe y la persona mayor acabe ingresando en el hospital.


Por otro lado, casi dos millones de personas mayores viven solos en nuestro país, muchos de ellos desatendidos, recibiendo tan solo una visita mensual de alguien conocido. Esta situación conlleva que en muchos casos nadie se entere si tienen frío o han caído enfermos debido a las bajas temperaturas. Además de suponer un mayor riesgo de caídas y por lo tanto de fracturas.


Recomendaciones para evitar contraer catarros o gripe:

  • Permanecer acompañado. EL trastorno afectivo estacional debido a las pocas horas de luz hace que las personas mayores salgan menos de casa. Por ello, es importante que la persona mayor haga el esfuerzo de ir a Centros de Mayores, Centros Culturales…; puesto que el aislamiento y el trastorno depresivo son unos de los mayores enemigos de las personas mayores.
  • Ventilar de 5 a 10 minutos la casa en las horas de más calor.
  • Importancia de la vitamina C y D. En relación a la nutrición, lo mejor para
    combatir a las bacterias de los virus y evitar el mayor riesgo de caídas es ingerir sobre todo vitaminas del grupo C y la vitamina D, y un menú rico en legumbres y frutas, acompañado de carne y pescado. Y siempre, comer acompañado.
  • No utilizar braseros. En cuanto sales de estar en contacto con el brasero el cambio de temperatura es muy fuerte por lo que aumenta el riesgo de contraer enfermedades víricas. Además de que producen varices en las piernas porque la sangre se concentra en las extremidades inferiores lo que produce que al levantarse se produzcan mareos e hipotensión ortostática, lo que puede desembocar en una leve pérdida de conciencia y posibles caídas