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La salud de los mayores en otoño: Recomendaciones básicas

  • Es fundamental vacunarse de la gripe y realizar ejercicio físico.

  • El sedentarismo es un factor de riesgo cardiovascular.

  • Hay que hacer al menos cinco comidas diarias, un desayuno energético, una cena ligera y no pasar muchas horas sin comer.

Ha llegado el otoño y poco a poco, sin prisas este año, el frío. Es momento de tomar precauciones, especialmente entre los mayores. Las personas con más de 60 años constituyen un grupo de alto riesgo de sufrir complicaciones derivadas de la gripe, normalmente por padecer enfermedades crónicas. Así pues, en su caso es fundamental vacunarse de la gripe y realizar ejercicio físico. Pero las medidas de prevención son muchas más;

Medidas básicas:

Lavarse las manos con frecuencia.

Taparse la boca y la nariz con un pañuelo de papel al estornudar o toser y desecharlo inmediatamente después.

Ventilar las habitaciones abriendo ventanas.

No compartir vasos, cubiertos, toallas y otros objetos que hayan podido estar en contacto con saliva o secreciones.

Actividad física:

La actividad física debe ser regular.

El ejercicio físico debe estar adaptado a las necesidades y posibilidades de cada una de las personas mayores.

Entre los ejercicios más adecuados: caminar, ejercicios de tonificación, estiramiento y la potenciación muscular.

El sedentarismo es un factor de riesgo cardiovascular.

Nutrición:

Una dieta sana debe regirse por las recomendaciones que aparecen en la pirámide alimentaria.

Al menos cinco comidas diarias. Prestar especial atención al aporte energético del desayuno.

No pasar muchas horas sin comer (a media mañana es necesario hacer un pequeño almuerzo).

Para la cena alimentos fáciles de digerir (verduras cocidas, sopas o pescados).

Si necesitan más información sobre la asistencia de nuestros mayores a domicilio, en VITALHOGAR le ofrecemos una asistencia adaptada a las necesidades específicas de cada usuario, con un equipo de profesionales especializados, donde la responsabilidad, la discreción, la ternura y el trato humano forman parte de sus principales valores.

 

Los árboles más viejos dan los frutos más dulces.

 

La desorientación en ancianos, como tratar el delirium puntual en los mayores

Cuando un anciano muestra signos de desorientación o confusión por primera vez, sus familiares se asustan y piensan que es un signo inequívoco de que el mayor sufre demencia o pérdida de memoria. Sin embargo, no siempre es así.

Es cierto que la desorientación en ancianos es un síntoma de demencia pero también puede ser una situación puntual provocada por la confusión derivada de otro problema de salud o dolencia física que los desestabiliza. Por ejemplo, una caída, una bajada de potasio, una infección de orina en personas mayores o la fiebre pueden afectar al anciano provocándole un cuadro de confusión o delirium.

Esta situación se agrava si esta dolencia requiere hospitalización, lo que les causa angustia y agitación, llegando en algunos casos a provocar la pérdida la noción de dónde se encuentran y el no reconocimiento de sus familiares.

Esto se debe a que la fiebre, el dolor y la inestabilidad de la salud de las personas mayores afectan a las estructuras cerebrales encargadas de la orientación espacial y temporal, creando este episodio de delirium que en muchos casos es sólo puntual.

De hecho, el delirium puntual no es un cuadro exclusivo de los ancianos, sino que una persona más joven también podría sufrirlo, aunque al tener una salud más fuerte es menos probable.

Asimismo, otros de los síntomas del delirium puntual son las alucinaciones, las alteraciones del sueño y comportamientos bruscos o agresivos.

Muchas veces, cuando nuestros ancianos tienen un cuadro de desorientación no sabemos cómo actuar y aumentamos su nerviosismo y agitación. Por ello, es crucial conocer las implicaciones del delirium puntual para saber cómo reaccionar y cómo tratar al anciano cuando se encuentra en esta situación. En VITALHOGAR, como expertos en dar cuidados de personas dependientes y mayores, te lo explicamos.

¿Cómo actuar si ante un episodio de desorientación en ancianos?

 

Aunque es esencial mantener la calma, la desorientación en los ancianos es una situación de urgencia médica, por lo que es imprescindible acudir al médico ante cualquier comportamiento que pueda ser signo de delirium para que éste estudie la salud del anciano y determine la causa que genera la desorientación.

Así, se llevará a cabo un seguimiento del paciente para evitar que la situación se agrave y derive en otros problemas de salud como deshidratación, uno de los más comunes en estos casos.

Por otro lado, administrarle ansiolíticos o somníferos para tranquilizar al anciano no siempre es lo más adecuado ya que agrava su confusión, aunque en algunas ocasiones de agitación extrema es necesario recurrir a ellos.  En cualquier caso será siempre el doctor quién determinará el tratamiento más adecuado para el paciente tras su estudio.

¿Qué hacer una vez el anciano recibe el alta y el cuadro de confusión continúa en casa?

 

Cuando el anciano continúa sufriendo episodios de desorientación o se siente confuso una vez recibe el alta y se encuentra en casa con sus cuidadores, se debe mantener el seguimiento médico del paciente y contacto constante con el médico para que determine su evolución.

Es muy importante que el anciano esté siempre acompañado, por lo que la familia deberá planificar turnos de cuidado del anciano para que no se quede solo. Idealmente el anciano deberá quedarse en un mismo lugar y ser los familiares los que se trasladen con él, para que la confusión no se agrave más a más a causa del cambio de escenario.

Esto no siempre es posible, por lo que en muchos casos la familia debe recurrir a profesionales del cuidado y acompañamiento de personas dependientes y ancianos para que se hagan cargo del paciente mientras ellos están trabajando o atendiendo sus obligaciones. En VITALHOGAR contamos con un equipo de profesionales con amplia experiencia en la ayuda a domicilio, contacta con nosotros y consigue el mejor cuidado para tu familiar.

El papel de la ayuda domiciliariA para personas con desorientación

 

La ayuda domiciliaria juega un papel muy importante cuando un paciente que ha sufrido un cuadro de desorientación vuelve a casa. Estas personas a veces no tienen que las cuide porque viven solos, sus parejas también son mayores y no pueden hacerse cargo o los familiares cercanos están ocupados durante el día.

En este tipo de situaciones, las empresas de ayuda a domicilio son la mejor solución. Ellas se encargan de poner a una persona al cargo de los cuidados del anciano o anciana que haya sufrido un episodio de delirium. Estará presente en los momentos del día que la persona o familia lo necesiten. Le hará compañía y tomará el mando en las tareas cotidianas.

Que reciba el alta no es síntoma de estar curado por completo. Necesitan un periodo de adaptación a su entorno, el tiempo depende de cada persona. Por eso hay que evitar dejarles solos, podrían agobiarse y tener una recaída.

 

 

¿Como quieren ser tratadas las personas mayores?

 


La mejor manera para luchar contra el maltrato en las personas mayores es el buen trato. El pasado mes de junio la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó en un estudio que el abuso a los ancianos ya sea físico o psicológico, que cause daño o angustia a una persona mayor, y dentro de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza, estaba aumentando en todo el mundo. De esta forma, avisan de que uno de cada 6 mayores de 60 sufre algún tipo de abuso.

En España, la sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEG) ha publicado recientemente una guía para el buen trato de nuestros mayores. Según subraya el objetivo no es que los mayores reciban un trato diferente, solo por razón de edad, pero sí que la sociedad sea sensible a que, en el proceso de envejecer, la persona debe adaptarse a su propia historia de vida, a la evolución familiar, social, cultural y tecnológica, “que no es tarea fácil”.

Además, destaca que, aunque algunos lo viven de forma positiva, a otros por razones de salud, dependencia o soledad, le coloca en una situación de especial vulnerabilidad.

“Proporcionar un trato adecuado dignifica la vejez, enriquece nuestra sociedad, favorece la autonomía, evitando situaciones de dependencia innecesarias y mucho más el malestar y la frustración que a veces presentan los mayores ante situaciones tan importantes como pedir cita en el centro de salud y la imposibilidad de manejar y mucho menos recordar, cada una de las opciones que ofrece una centralita con contestador automático para pulsar la opción deseada”, alerta la SEGG por ejemplo.

También alerta de que muchas veces caminar en el hospital por largos pasillos, a falta de indicaciones y procesos que faciliten el acceso a las consultas, o concertar las citas médicas puede suponer un mundo llegada determinada edad; por poner dos ejemplos cotidianos.

PAUTAS SOBRE COMO TRATARLES:

En este sentido, la SEGG, enumera una serie de pautas para proporcionar un buen trato a nuestros mayores.

1.- Ser tratado con respeto: la persona mayor quiere ser tratada como persona adulta, sin hacer diferencias en el trato y no por razón de edad.

2.- No ser tratados como niños: la persona mayor no debe de ser tratada como a un niño, aunque presente condiciones de enfermedad, dependencia o discapacidad.

3.- Ser tratados con afecto, comprensión, ser tenido en cuenta, la persona mayor debe ser tratada como adulta, sin hacer diferencias en el trato debidas a su edad, poniendo en práctica todos los conocimientos, competencias y condiciones propia de relación interpersonal.

“Ser persona mayor abarca desde los 65 años hasta los 105 años. Las personas mayores quieren ser tratadas como personas adultas, sin establecer diferencias de trato debidas a la edad, con respeto, afecto correcto y educadamente (estableciendo matizaciones de trato de tú y de usted) y siendo informadas directamente respecto a su situación (a no ser que fehacientemente se deleguen), evitando cualquier tratamiento por condiciones de discapacidad, enfermedad o fragilidad”.

Una bella ancianidad es, ordinariamente la recompensa de una bella vida (Pitágoras).